¿La década de la restauración podrá llegar a revertir el mal desarrollo que vivimos?

Por: Natasha Garzón 

Email:  cavendishia@gmail.com

 

Desde mediados del siglo XX, la modernización de las instituciones, los desarrollos científicos y el uso de la tecnología fueron las estrategias que los gobiernos del mundo impulsaron para responder a los problemas del planeta. Múltiples estados y agencias de cooperación promovieron el crecimiento económico y la acumulación del capital, como modelos indispensables para hacer posible que los países periféricos superaran la pobreza de sus denominadas sociedades subdesarrolladas; generando cambios estructurales en sus economías, con esfuerzos enfocados hacia la industrialización, la urbanización, la tecnificación de la agricultura y la mercantilización de la naturaleza.

 

Es evidente que los planes, programas y proyectos de desarrollo –llámense económico, local, sostenible, endógeno, etc. –, han demostrado su inviabilidad para garantizar un nivel mínimo de bienestar a la humanidad, para disminuir las brechas sociales y dar soluciones contundentes a las múltiples crisis ecológicas existentes.

 

Hoy el mundo vive un mal desarrollo generalizado, que se expresa en la devastación de la base natural y el empobrecimiento de la gente. El 75% de los ecosistemas terrestres del planeta manifiestan niveles considerables de degradación, mientras que el 85% de áreas ocupadas por humedales han desaparecido y 66% de los mares experimentan fuertes procesos de alteración (IPCC 2019). Las desigualdades sociales son alarmantes. El 1% de la población mundial acumula la riqueza del 6.900 millones de personas y aproximadamente 735 millones continúan viviendo en la pobreza extrema (Oxfam 2019). Asimismo, el cambio y la variabilidad climática están acelerando la desertificación y degradación de tierras, con efectos negativos sobre la seguridad alimentaria de los territorios (IPCC 2020).

 

Bajo esta realidad ¿Cómo lograr que un esfuerzo mancomunado global, como la reciente declaración de la ONU de década de la restauración, revierta esta tendencia en el país y quizá en el mundo? Desde mi opinión, son tres los desafíos que tenemos que superar como sociedad y como restauradores, en un lapso de tiempo que quizá pueda superar los 10 años de acción propuestos.

 

El primer desafío, integra los fundamentos teóricos de la ecología de la restauración, que afirma que antes de implementar cualquier acción debemos frenar las causas de la degradación. Sin embargo, la paradoja radica en que es imposible construir territorios sustentables, con las mismas categorías y modelos que hicieron posible la perdida y deterioro de los ecosistemas. Los esfuerzos de Colombia y del mundo, para cambiar los patrones de producción y consumo como principales motores de la transformación ecológica, no están generando los cambios que se necesitan. Bonos de carbono, sistemas agroforestales o silvopastoriles, turismo de la naturaleza y otros tanto ejemplos que se promulgan por todo el país, debelan como el capitalismo verde avanza como nueva bandera, al mejor estilo de la revolución verde; en donde la ciencia, la tecnología y la innovación, nos permitirán erradicar las economías primitivas y usar “eficientemente” los recursos naturales para transformarlos en bienes de interés para el mercado global,

y así continuar por la senda del crecimiento económico, al tiempo que la siembra de millones de plántulas, como estrategia nacional de restauración y la declaración de áreas protegidas, neutraliza las emisiones de gases de efecto invernadero e incrementa la capacidad de adaptación al cambio climático.

 

Lo cierto es que bajo este modelo se privilegia al sector privado, extractivista y a gran escala. No se cambian las relaciones de la sociedad con naturaleza, ya que los ecosistemas sigue siendo instrumentalizados como un stock de recursos con valor monetario y sujeto a ser poseído, en donde los bosques, los ríos y los mares se desnaturalizan para ingresar en la escena económica del país como mercancías sujetas a ser transformadas en capitales privados –agua, bonos, reservas, maderas, minerales, energía, etc.–, en una lógica económica que además transforman el papel de mujeres y hombres campesinos e indígenas, como simples proveedores de servicios ecosistémicos.

 

Aunque este panorama parezca desalentador, la restauración ecológica (RE) puede ser una potente herramienta para superar los desequilibrios socioecológicos, transformar los patrones de degradación y así poder generar nuevos modelos desarrollo capaces de garantizar la vida y la construcción de paz en los territorio. Para ello, se debe efectuar una verdadera estrategia nacional de RE, que pasa por la concertación de ordenamiento territoriales integrales, entre los múltiples sectores de la sociedad y fundamentados en la justicia ambiental. Esta estrategia, debe priorizar acciones que fortalezcan las prácticas, saberes y formas de vida de los pueblos campesinos, bosquesinos, indígenas y pescadores para quienes la reproducción de su vida y cultura está directamente relacionados y dependen de la naturaleza, y por lo tanto, la restauración de la base natural de sus territorios es esencial.

 

Un segundo desafío, está relacionado con la necesidad de diseñar con la gente, paisajes diversos y resilientes, que permitan la configuración de economías locales y solidarias, al tiempo que garanticen la conectividad de los ecosistemas y funcionalidad biológica. Los proyectos de RE no pueden caer en la homogenización de modelos, arreglos y/o prácticas que son diseñadas desde un laboratorio, escritorio o parcela experimental. Los programas, proyectos y diseños deben ser construidos, discutidos, analizados y concertados con las gentes que habitan los territorios, ya que sin ello, sencillamente estos esfuerzos estarán llamados al fracaso.

 

Como investigadores y profesionales debemos abrirnos a la ecología de los saberes, y así recatar y potenciar la memoria ecológica territorial, es decir, los conocimientos, usos, prácticas y oficios asociadas a la naturaleza. Una apuesta nacional deberá ser impulsar procesos de investigación, educación y ciencia ciudadana, que permitan la generación de conocimientos situados y la apropiación de los avances científicos para la innovación socioecológica territorial; mejorando la capacidad de la sociedad para gestionar los ecosistemas de manera simultánea con las necesidades humanas, en donde la resiliencia territorial se construye como un proyecto colectivo.

 

El tercer desafío y quizá el más importante, tiene que ver con la voluntad política. Más allá de los acuerdos internacionales, de los planes inconclusos y de las metas basadas en número de hectáreas y árboles sembrados; la estrategia nacional de RE, debe ser asumida por cada uno de los gobiernos, como un mandato ciudadano de largo aliento. Para lograr esto, es importante construir consensos sociales sobre lo que significa la degradación ecológica en los territorios, sus causas y consecuencias, y sobre todo para qué, para quiénes y con quiénes se restaura. Esto permitirá un mayor nivel de conciencia e incidencia social, dándole legitimidad e institucionalidad a la RE, a través de roles y acciones, individuales y colectivas, capaces de promover relaciones directas, cercanas, profundas con los ecosistemas y la diversidad biológica, y por lo tanto sociedades dispuestas a defender y hacer de la restauración ecológica, una herramienta del común para la recuperación de la abundancia hídrica, alimentaria, ecológica y productiva, que haga posible el buen vivir en los territorios.

 

Existe una creencia generalizada, sobre la gran cantidad de recursos que se necesitan para hacer RE en el país. Sin embargo, más que financiación lo que realmente necesitamos son verdaderas voluntades sociales, sectoriales e institucionales, que desde un sentido ético, hagan de la restauración ecológica una herramienta para reparar los daños ocasionados en el pasado sobre la naturaleza, y no como instrumento para justificar nuevas intervenciones e inequidades sociales. Sin ello, la década de la restauración pasará, como ha sucedido con otros declaraciones mundiales, como un lindo slogan que mueve grandes capitales, pero sin resultados.

 REFERENCIAS.

 Escobar A (1998). La invención del tercer mundo: construcción y deconstrucción del desarrollo. Colombia: editorial Norma.

 IPBES (2019). Resumen para los encargados de la formulación de políticas del informe de la evaluación mundial sobre la diversidad biológica y los servicios ecosistémicos. Bonn, Germany: Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Service –IPBES.

 IPCC (2020). El cambio climático y la tierra. Informe especial del IPCC sobre el cambio climático, la desertificación, la degradación de las tierras, la gestión sostenible de las tierras, la seguridad alimentaria y los flujos de gases de efecto invernadero en los ecosistemas terrestres.

 Oxfam International (2019). ¿Bienestar público o beneficio privado? DOI. 10.21201/2019.3651

Desafíos de Chile en la década de la restauración: Cambio climático y una nueva visión del territorio

Eduardo Arellano

 

En Chile, el paisaje este compuesto por una diversidad de ecosistemas y especies únicas que responden a las condiciones únicas geográficas y climáticas influenciadas por la Cordilleras de los Andes y la de la Costa y las influencias marinas en todo el sector costero. Las condiciones secas con altas temperaturas dan forma a un paisaje xerofítico y de tipo mediterráneo en la zona norte y centro, mientras que el aumento de las precipitaciones hacia el sur, permiten el desarrollo de bosques densos de arboles centenarios, para terminar con los paisajes fríos y patagónicos de la zona Sur. Desde tiempos previos al período de colonización, los diversos ecosistemas han sufrido grandes transformaciones antrópicas. Si bien es cierto, los pueblos originarios como los mapuches, ya conocían el uso del fuego y practicaban la agricultura, los impactos mayores sobre la degradación de los ecosistemas se producen a partir de la incorporación de los territorios al comercio internacional del trigo y el uso de leña como combustible en las incipientes actividades mineras en el siglo XVIII y XIX. Históricamente, el uso del fuego ha sido el principal agente de degradación y cambio del paisaje, lo que ha provocado la erosión y pérdida progresiva de los suelos y la cubierta vegetal. A la fecha, El 23,3 % de la superficie total del país esta cubierta por recursos forestales. Al año 2018, la superficie total de bosques nativos alcanza 14.4 millones de ha.

Chile ha asumido los desafíos impuestos por la década de la restauración. En forma especial, se ha planteado que la restauración a escala paisajes es una medida urgente para revertir la pérdida de biodiversidad e implementar acciones para mitigar los efectos del cambio climático. En la última década, Chile ha enfrentado una dura sequía, con regiones importantes en el centro del país con un déficit promedio entre un 20 y un 40% de precipitaciones respecto a registros históricos. Este fenómeno, reconocido como la maga sequía, pone en amenaza a una parte importante de la población y a biodiversidad de la zona central que han sido reconocidos como “hotspots” mundiales, debido a su alto endemismo de especies nativas. En forma adicional, y en una ciclo de olas de calor extrema, en el verano del año 2017 Chile enfrentó uno de los incendios forestales mas catastróficos de su historia, afectando casi 600.000 ha de bosques y plantaciones forestales.

Recientemente se ha comenzado a discutir y desarrollar diversas políticas orientadas a los desafíos del cambio global que han establecido metas de restauración ecológica y conservación de biodiversidad para Chile. Por un lado, se trabaja en distintas etapas de desarrollo en la Estrategia Nacional de Biodiversidad al año 2030, la “Estrategia Nacional de Cambio Climático y Recursos Vegetacionales” y la “Política Nacional Forestal”. Esta última en particular, ya establecida desde el año 2015, establece como propósito la protección y restauración del patrimonio forestal fijando como meta la recuperación de 500.000 ha con especies nativas al año 2035, priorizando áreas degradadas con altos niveles de erosión, fragmentadas y con énfasis en la protección de recursos hídricos. Por otro lado, Chile ha firmado acuerdos internacionales donde destaca la meta del acuerdo de Paris del año 2015 (COP21), en el que Chile compromete la forestación de 200.000 ha para el año 2030, de las cuales al menos un 50% deberían corresponder cubierta forestal permanente, forestadas principalmente con especies nativas.

Esta serie de compromisos y sobretodo los grandes incendios del año 2017, ha llevado a los distintos actores públicos y privados a establecer la restauración ecológica como un pilar fundamental como estrategia para conservación de la biodiversidad y sobretodo para mitigar los impactos de la crisis climática. Sin embargo, estas iniciativas y sobretodo las metas establecidas a escala de paisaje presentan una serie de desafíos que van desde la planificación a la práctica de campo. Por un lado, falta entender la disponibilidad real de superficie y las condiciones de degradación en que se encuentran. La alta variabilidad de ecosistemas y condiciones de presión de degradación requieren una compleja coordinación de actores en los distintos territorios. Por otro lado, desde un punto de vista más técnico, existe una limitada

capacidad de viverización de especies nativas y desconocimiento sobre el uso de tecnologías de reforestación costo efectivas que aseguren su establecimiento. En un reciente estudio, se estima que con la capacidad actual de producir plantas nativas la meta de 600.000 ha se podría cumplir recién el año 2181 (Acevedo et al. 2021). Los mismos autores llaman a medidas urgentes que aumenten la capacidad de producción de plantas y la transferencia de conocimiento tecnológico para los distintos ecosistemas y territorios.

En los inicios de la década de la restauración, Chile ha tomado el camino de desarrollar una política de estado de largo plazo que coordine iniciativas públicas y privadas y que establezca los incentivos para cumplir los objetivos de restauración ecológica de corto y largo plazo. A partir de las iniciativas posteriores a los mega incendios del año 2017, se fijo un marco general para el desarrollo de un plan nacional a escala de paisaje donde se han convocado a diversos organismos públicos, privados y científicos a participar. Se espera que este plan, tenga sus bases hacia finales del año 2021 y que tenga la capacidad de integrar a todos los actores involucrados en la restauración.

Finalmente, Por sobre todas estas iniciativas, junto con la década de la restauración, Chile ha comenzado un importante proceso para el desarrollo de una nueva Constitución política. Dentro del corazón de este nuevo desafío País, se ha puesto como eje de discusión el cambio climático y una nueva relación con la naturaleza y el uso de los recursos naturales. Es de esperar, que este nuevo marco ponga la restauración ecológica a escala de paisaje, como una herramienta básica de gestión y recuperación de los territorios.

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Estado actual de la Restauración Ecológica en Argentina en el marco del decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas (2021-2030).

Martín Sirombra.

Email: sirombra@gmail.com

El 1 de marzo de 2019, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró al periodo 2021-2030, como década de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas, el cual tiene por objetivo reunir al mundo para: prevenir, detener y revertir la degradación de los ecosistemas a nivel mundial (terrestres y acuáticos en todas sus expresiones), así como mejorar la seguridad alimentaria, el suministro de agua y la biodiversidad. Incluye también entornos urbanos.

Durante la celebración de la Asamblea General N° 69 de la ONU, en Nueva York, 193 países adoptaron por consenso, la iniciativa impulsada por El Salvador, comprometiéndose a restaurar/recuperar más de 170 millones de hectáreas (69 países se pronunciaron, junto a El Salvador, como co patrocinadores de esta iniciativa).

Este gran desafío, busca establecer un marco de acción para impulsar y dinamizar los acuerdos y compromisos ya existentes, buscando sinergia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030; sin implicaciones presupuestarias y respetando los mandatos existentes de las agencias de las Naciones Unidas.

Esta iniciativa resalta que la actividad humana ha alterado casi el 75 % de la superficie terrestre y ha empujado a la flora y fauna silvestre a un rincón del planeta cada vez más pequeño. La degradación de los ecosistemas conlleva a una pérdida de servicios ecosistémicos críticos que impactan negativamente el bienestar de al menos 3,200 millones de personas en el mundo, incrementando además su vulnerabilidad ante los efectos del cambio climático.

La propuesta original contempla una respuesta coordinada a nivel mundial ante la pérdida y degradación de los hábitats que debería centrarse en desarrollar voluntad/ capacidad política para restaurar la relación de los seres humanos con la naturaleza.

La salud de nuestro planeta también desempeña un papel importante en la aparición de enfermedades que se transmiten entre animales y humanos(zoonóticas). A medida que seguimos invadiendo los frágiles ecosistemas, entramos cada vez más en contacto con la flora y fauna silvestre, lo que permite que los patógenos presentes en las especies silvestres se propaguen al ganado y a los seres humanos, lo cual aumenta el riesgo de aparición de enfermedades y de amplificación. El brote de la COVID-19 resaltó la necesidad de abordar las amenazas a las que se enfrentan las especies silvestres y los ecosistemas.

De acuerdo a lo planteado en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 15 (ODS15), resulta necesario entonces considerar que la restauración de los ecosistemas es un elemento fundamental para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), principalmente los relativos al cambio climático, la erradicación de la pobreza, la seguridad alimentaria, el agua y la conservación de la diversidad biológica.

Revertir esta realidad es posible a través de las acciones basadas en la naturaleza. La restauración de ecosistemas, adoptando un enfoque holístico, puede generar beneficios tangibles que incrementarán la seguridad alimentaria y la seguridad hídrica, contribuirán a la conservación de la biodiversidad, así como, a los esfuerzos de mitigación y adaptación al cambio climático y la reducción del riesgo a los desastres.

El establecimiento del decenio permitirá generar un ambiente propicio para facilitar y promover la sensibilización y construcción de conciencia pública sobre la importancia de contar con ecosistemas funcionales para el bienestar humano, la sostenibilidad económica y el desarrollo sostenible.

De igual forma, promoverá y facilitará un mayor involucramiento activo de los actores relevantes en las actividades de restauración, motivando y logrando la plena participación de diferentes actores, como las comunidades locales, la empresa privada, sector púbico, la academia, pueblos indígenas y sociedad en general.

La restauración de ecosistemas adopta un abordaje de “Paisajes multifuncionales – Mosaico de Usos de Suelo Interdependientes” donde las prioridades ecológicas, económicas, sociales y de desarrollo pueden encontrar una convergencia.

Avances en Argentina. Desafíos, vacíos y rumbo a seguir.

En un contexto latinoamericano y nacional de degradación ambiental creciente, en el artículo publicado en revista Ecología Austral (28:353-360, Agosto 2018) se describió la percepción de los miembros de la Restauración Ecologica de Argentina (REA) sobre el estado actual de la restauración en la Argentina e identificamos el panorama de avances y logros a fin de sugerir acciones de restauración ecológica. La REA se formalizó en 2012 y realizó su primer encuentro nacional organizativo en 2017. Al presente, cuenta con 198 miembros distribuidos en ocho nodos regionales. Los análisis efectuados en este encuentro muestran relativamente pocas iniciativas de restauración a nivel institucional y a escala de paisaje. La mayoría de las acciones son realizadas a escala local por científicos que aportan la investigación y gestores que promueven la actividad en un rango amplio de contextos sociales y ecológicos. Los practicantes de la restauración (quienes ejecutan los proyectos a campo) usan la información que generan los sectores científico, social, privado y de gobierno. Entre otras deficiencias, mencionan la baja disponibilidad de información ecológica de base y la inexistencia o insuficiencia de marcos legales y capacidades técnicas e institucionales. Se espera que la consolidación de la REA permita, a todos los interesados e involucrados en la restauración ecológica del país, compartir experiencias y generar vínculos para aportar a la continuidad de un trabajo multidisciplinario, participativo, integrado a la problemática socio ambiental del país, a diferentes escalas y con una perspectiva a largo plazo.

La ciencia y la práctica de la restauración ecológica en la Argentina crecieron de forma notable en los últimos años. Sin embargo, aún es posible detectar algunos vacíos de información acerca de ciertas ecorregiones del país y también de determinados aspectos (sociales/económicos).

Aquí, el objetivo fue abordar las capacidades y vacíos actuales para desarrollar iniciativas de restauración ecológica en la Argentina, determinar el estado actual del marco legal, los principales proyectos en desarrollo y los pasos a seguir para la consolidación de la restauración ecológica en el país.

Posteriormente, el país definió su Plan Nacional de Restauración de Bosques Nativos (PNRBN/2019) que esta enfocado mayormente en ecosistemas boscosos, dejando de lado a otras ecoregiones con fisonomías no boscosas, no menos importantes y que necesitan ser igualmente consideradas.

En el marco de este plan nacional, las iniciativas resultaron muy locales/puntuales a lo largo/ ancho del país, que posee numerosos ecosistemas en diferente grado de degradación. Al respecto, se esperaría que la década de la restauración influya positivamente en la implementación de  proyectos con componentes socio-ambientales. El actual escenario de Covid, fue una situación negativa respecto del flujo de fondos y las proyecciones propuestas.

La restauración ecológica es una prioridad global y nacional en la que confluyen múltiples actores y disciplinas. La REA cubre un espacio en el que convergen numerosas disciplinas y actores sociales, contribuyendo así a la construcción social de la importancia y el sentido de la restauración en un escenario de grandes problemas de degradación de los ecosistemas argentinos. En este marco aporta al desarrollo de una restauración ecológica plural y multidisciplinaria, que busca la integración entre teoría y práctica, y mejorar la relación entre la sociedad y la naturaleza.

La Red REA creció exponencialmente (casi 3000 miembros) y para el mes de Noviembre de 2021 se prevé el II Encuentro Nacional de Restauración Ecológica de Argentina (https://www.redrea.com.ar/) que se realizará en Córdoba y que contará con conferencistas internacionales invitados en diferentes ejes temáticos. Por otra parte, cuenta con un boletín de difusión denominado BREA (ISSN 2718-625), en el que se difunden las diferentes actividades y avances en la materia tanto de Argentina como de Latinoamérica. El boletín es coordinado por algunos miembros de la REA y es de periodicidad semestral.

En mi opinión personal, el gran esfuerzo para llegar al sector político representa una gran dificultad. Por diferentes motivos, los referentes técnicos no encuentran los mecanismos para influir en las políticas públicas tanto a nivel nacional como provincial. En este sentido, la REA como confluencia de diferentes sectores puede cubrir este importante vacío.

Por otra parte, sería muy interesante generar desde los diferentes lugares que ocupan los integrantes de la REA, la llegada y difusión de actividades a comunidades del interior del país y de las provincias, una mirada más hacia adentro, con el objetivo de que la gente del lugar se haga preguntas y se motive a buscar alternativas y/o soluciones para algunos de sus problemas vinculados al ambiente.

La ley número 27592, recientemente aprobada, constituye un hito destacable, ya que obliga a los funcionarios de los tres poderes del estado (ejecutivo, legislativo y judicial) tanto de orden nacional como provincial, a capacitarse en temáticas ambientales, similares a las propuestas por la ONU en su documento para la Década de la Restauración. Esto representa una excelente oportunidad para la difusión de los alcances de la Restauración Ecológica.

Asimismo, la reciente ley de Educación Ambiental nos propone también un espacio de fomento de la Restauración Ecológica en los distintos niveles educativos, propiciando una concientización sobre los ecosistemas y sus funciones vitales. Asimismo, debería impulsarse la inclusión de la Asignatura Restauración Ecológica en los planes de estudio de los diferentes niveles educativos del país.

Nos queda pendiente en Argentina, una ley que permita la mirada social sobre los humedales y sobre los ecosistemas no boscosos, que ocupan dos tercios de las regiones naturales, regulando y armonizando las actividades productivas con los servicios ambientales que recibe la sociedad en su conjunto. 

Un resumen de las fortalezas y debilidades de las prácticas de restauración puede encontrarse en el Capítulo 44 de conclusiones y recomendaciones del IV Taller regional de Rehabilitación y Restauración en la diagonal árida de Argentina y I Taller Internacional de Restauración ecológica (https://drive.google.com/file/d/13wIXfANjOKNWd8gdh4Tx0cR2qF0mkBB3/view?usp=sharing)  que a un año de su publicación sigue vigente también como propuestas para avanzar en este decenio de la Restauración.

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¨DÉCADA DE LA RESTAURACIÓN: UNA OPORTUNIDAD PARA HACER TODO MEJOR¨

Juan Garibello-Peña (PhD ERIE – Ecosystem Restoration and Intervention Ecology Research Group).

 

 

jcgaribellop@gmail.com

 

 

Según la agenda de Desarrollo Sostenible, en 2030 tiene que haber un avance considerable en la reducción de la pobreza, la mejora de los medios de subsistencia, la conservación de la biodiversidad y acciones para contrarrestar los efectos de la emergencia climática. Para aportar a esos objetivos, la Organización de las Naciones Unidas decidió que el período 2021-2030 sería la Década de la Restauración. Esta iniciativa se implementaría a través de tres rutas: un movimiento mundial, generación de apoyo político y la construcción de capacidad técnica. Habrían además unas directrices de manejo que aseguren el avance en las rutas mediante (1) estructuras de gobernanza, (2) financiación y (3) monitoreo. Llevando a la práctica este modelo de gestión podrían superarse las más importantes barreras que enfrenta la restauración (https://www.decadeonrestoration.org/strategy):

 

 

  • Falta de conciencia de parte del público en relación con la gravedad del deterioro y el rol que juega la restauración para superarlo
  • Ausencia de voluntad política
  • Deficiencias en la normatividad y las políticas
  • Poca capacidad técnica
  • Escasa financiación
  • Escasa investigación científica.

El contexto que ofrece la Década de la Restauración presenta dos atributos muy importantes. Por un lado, la posibilidad de que quienes trabajemos en el tema reforcemos el rol que jugamos desde nuestra experiencia y metas profesionales. Por otro lado, la necesidad o más bien la obligación de entender tanto el deterioro como la restauración más allá de nuestro campo de acción.

 

 

En cuanto a la redefinición del rol desde la experiencia, recientemente publicamos el artículo “Identificación de vacíos de investigación aplicada para restaurar ecosistemas terrestres en Colombia” (https://doi.org/10.14483/2256201X.15679). Este artículo contribuye a superar la escasez de investigación científica y por lo tanto contribuye a mejorar la capacidad técnica. El vínculo entre lo uno y lo otro es evidente; si no hay investigación y si no se comunican sus resultados no se pueden mejorar los métodos. Es necesario aclarar que el artículo alude sobre todo a “qué” investigar pero no al “cómo” hacerlo. En tal sentido, enfatizamos que sólo con diseños experimentales robustos, estadística de última generación y tiempo y dinero para monitoreo podremos desarrollar la agenda de investigación sugerida en nuestro artículo. Tomando en consideración este ejemplo, desde este espacio invitamos entonces a los diferentes actores para que identifiquen y refuercen su rol de acuerdo con las barreras que debemos superar para conseguir las metas de la Década de la Restauración.

 

 

El marco ofrecido por la iniciativa de Las Naciones Unidas no sólo invita a potenciar nuestro aporte desde la experiencia profesional. Si queremos hacer una contribución  sustancial quizá también tengamos que entender el papel de otros saberes. Hacer viable, sostenible y rentable la restauración desde la perspectiva de las comunidades locales y desde la mirada sectorial, amerita que comprendamos las dinámicas sociales y económicas temporal y espacialmente. Controlar invasiones biológicas, mejorar el suelo o potenciar la regeneración natural requiere abandonar ideas como que la restauración equivale a poner una cerca y plantar nativas o como que ecología vegetal es igual a jardinería. Del mismo modo, es importante familiarizarse con la normativa para identificar vacíos o para darse cuenta que está bien pero que hace falta voluntad política y diligencia para aplicarla.

 

 

Reforzar nuestro rol convencional y familiarizarse con el rol de otros es fundamental para que la comunidad restauradora en Colombia pueda hacer un aporte sustancial aprovechando la Década de la Restauración. Así las cosas, las partes que representan diferentes estamentos y que poseen diferentes saberes podrán dialogar y concertar para que la restauración desarrolle todo su potencial.